Despedimos el año 2022 calificándolo como el peor año de la historia del seguro agrario, con un volumen de indemnizaciones inédito hasta ese momento, en concreto 769 millones de euros.
El riesgo de helada fue el principal responsable, fundamentalmente el episodio sufrido durante la primera semana del mes de abril, que provocó serios daños en los frutales del valle del Ebro, con indemnizaciones que alcanzaron los 165 millones de euros. Aunque también se registraron daños en otros cultivos como el almendro de Castilla-La Mancha. Además, durante la primavera y parte del verano, también se registraron tormentas de pedrisco que, de nuevo, afectaron a producciones de fruta, con casi 50 millones de euros. Al final, las indemnizaciones correspondientes al seguro de frutales superaron los 240 millones de euros, una cantidad récord.
Ahora, cuando estamos entrando en la recta final del año 2023, ya podemos confirmar que vamos a superar el récord que nos marcó el año pasado, con una estimación de alrededor de 1.000 millones de euros. Aunque cerca de la mitad de estas indemnizaciones son responsabilidad de la intensa sequía sufrida este año, que ha afectado sobre todo a los cultivos herbáceos, la fruta también se ha visto afectada por la adversa meteorología. La estimación actual se encuentra en los 90 millones de euros. Se han vuelto a sufrir heladas primaverales (durante el mes de marzo y la primera semana de abril), si bien mucho más leves y menos dañinas que las de 2022. En esta ocasión la actividad tormentosa que, desde finales de mayo se intensificó, y nos ha dejado episodios de pedrisco, el fenómeno meteorológico que ha provocado los mayores daños sobre la fruta de diferentes zonas productoras. En total, 48 millones de euros debido a este fenómeno. A esto hay que unir que las elevadas temperaturas registradas en los meses de marzo y abril han provocado daños por mal cuajado en producciones de fruta, alrededor de 29 millones de euros de indemnizaciones.
Ante estas situaciones el seguro agrario se perfila como la herramienta idónea para la gestión de los riesgos a los que se exponen cada día las explotaciones agropecuarias. Una herramienta que en años como el pasado y el actual demuestra que responde con solvencia y eficacia a las necesidades de los asegurados.
